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| Foto: fifa.com |
El fin de semana que se acaba dejó atrás una “mini Copa América”. Repasemos sus contrastes, cómo les fue, por qué y qué puede pasar con ellos más adelante. Nos centramos en los “chicos”, en esta ocasión.
Más de una grata sorpresa nos dejó la primera ronda del Mundial. Al menos a los latinos que disfrutamos de la inesperada clasificación de Costa Rica, como punto más saltante al ser la menos probable. También gozamos del pase chileno a los octavos de final pues los sureños tuvieron que enfrentar a los dos últimos finalistas de la Copa del Mundo. No fue menos satisfactorio encontrar que Colombia superó la primera fase con puntaje perfecto y México no se quedó atrás, luego de superar a una complicada Croacia que amenazaba con mandar a los aztecas pronto a casa. Brasil tenía que clasificar y su destino es estar siempre peleando arriba, así que no cabe darle muchas vueltas a su participación; va flojo, pero más temprano que tarde encontrará la brújula. Uruguay también nos alegró, pero cómo logró la clasificación luego de su primer partido y con la actuación de anti héroe Luis Suárez; de no ser por esas circunstancias, su pase a octavos no hubiera resultado tan emotivo. Veamos a los nuevos o a los pendientes que se metieron entre los mejores dieciséis.
La historia no se cambia tan pronto. El mensaje para los chilenos que llegaron a Brasil fue un poco pretencioso. No se trata de criticarles la confianza en sí mismos, pero los objetivos que uno se traza deben ser medibles y alcanzables; los mapochos se quedaron en la primera de estas dos condiciones. El discurso oficial era “venimos a ganar la Copa” y era apoyado con frases menores del tipo “llegó la hora de cambiar la historia”. Algo de eso parecía que se daba cuando superaron a España, pero la verdad es que se trató de una Furia Roja bastante sosegada. Le ganaron con fútbol pero más con la cabeza. Pero la cabeza no siempre alcanza para ganarle a los que juegan más fútbol, ¿se entiende? Perdió contra Holanda en un partido que no se jugaba “nada” y luego no pudo con Brasil en el partido que todos los chilenos entendían como el llamado a ser la verdadera bisagra.
Tal vez este Mundial sea la bisagra pensando en un proyecto de muy largo plazo que pueda colocar a Chile en la élite del fútbol mundial de manera permanente y no que sea flor de un día como pasa con tantos países que dan fuego con ciertas generaciones pero no se vuelven grandes del universo futbolero. Chile debería apuntar a repetir generaciones de futbolistas como la actual, que le pueden hacer pelea a cualquiera y con la convicción de que se puede. Tarde o temprano (quizás más tarde, pero la paciencia es indispensable) se le dará el gran objetivo. Deben ver a otros países que llevan años trabajando por lo mismo y siguen haciéndolo sin poder aún dar el golpe. A seguir andando este camino, que es el correcto.
En Barranquilla me quedo. Y es que parece que Colombia jugara el Mundial en la ciudad donde es local en las Eliminatorias. La Selección Colombia está acompañadísima en el Mundial brasileño y tendrá su primera prueba de fuego justamente ante Brasil. ¿Cómo que la primera? ¿No ha probado ya su valía? Me van a disculpar los que se han emocionado con los cafeteros, pero la respuesta es no. Ha probado que tiene un plantel rico en técnica y que pasó un nivel básico: el de ganar siempre los partidos ganables. Ni Grecia, ni Costa de Marfil ni Japón son o fueron grandes rivales que pudieron complicar realmente a los dirigidos por José Pekerman. Hay mérito, pero no se puede creer que ellos sean lo máximo ante una exigencia que no pasa de moderada.
¿Y Uruguay tampoco era bravo? Para responder esa pregunta basta pedirle, lector, que haga memoria y recuerde qué pensaba cuando, antes del inicio del Mundial, le pedían que midiera la fuerza de Uruguay con Luis Suárez y sin él. Todos coincidíamos en que los celestes tenían poca o ninguna chance de ir con éxito por Brasil sin el muelón mordelón. Colombia aprovechó su expulsión de la Copa y ganó otro partido ganable.
Brasil no ha convencido en el ideario común, pero sería más justo decir que no ha gustado. Los locales han tenido rivales mucho más complicados que los que tuvo Colombia (la achorada Croacia, México y la mejor selección chilena de la historia) y llegan cuajados, sin el menor atisbo de soberbia, a jugar contra los colombianos que, por su bien, esperemos que sigan con los pies en la tierra. Brasil vuelve a ser el partido de la historia para un sudamericano; lo será contra Colombia como lo fue contra Chile, y ya sabemos cómo le fue a la Roja.
México lindo y querido. En realidad más querido que nunca este México que prácticamente cada latinoamericano adoptó como suyo. Un exceso de voluntad este equipo que de verde solo tenía la camiseta. Maduro, sobrio, goleador, ordenado, rápido y fuerte. Nunca en su historia tan llena de sinsabores inmerecidos tenía así de clara la posibilidad de tumbarse a uno de los que siempre lo tumban. México suele no poder con Brasil y Argentina por este lado del mundo y tampoco la ve contra Alemania, Italia, es decir, los campeones mundiales y Holanda que aún no se puede colar en dicho grupo. Pues esta vez le tocó probarse a sí mismo que ya podía subir un peldaño justamente ante Holanda y no pudo. Que solo le faltaron diez minutos es una excusa blanda, está maduro pero debe seguir esperando para cosechar.
México lleva años, muchos años y varios Mundiales intentando ponerse encima o a la par de los verdaderos grandes del planeta. Debe ser el equipo que en todo el mundo está más cerca de lograrlo pero sin conseguirlo. Es un ejemplo, pues sigue en su lucha y no baja su nivel; al contrario, cada vez estrecha más la brecha que lo separa del ápice de este deporte. Ojo Chile, que así es como se hace.
Pura Vida. Finalmente queda Costa Rica que logró su clasificación al final del domingo luego de alargarlo más de la cuenta hasta la tanda de los penales. A diferencia de los otros equipos que revisamos líneas arriba, los ticos, que siempre se preocupan por jugar bien, no han jalado la vista del mundo pues salvo una actuación medianamente destacada en 1990, nunca asomó como una posibilidad de colarse a las instancias finales de los Mundiales. Tampoco hizo una gran Copa América (cuando se le invitó) ni sus procesos eliminatorios fueron llamativos como sí ha sido el caso de Colombia o Chile en más de una oportunidad. Esta vez logró captar la atención de todos pues se bajó con contundencia a los favoritos Uruguay e Italia para quedarse con el primer lugar del grupo sin ajustar mucho en su empate con Inglaterra.
¿Un proceso no tan nítido o un grupo genial? No importa, la alegría parecía garantizada por el momento espectacular y había que aplastar a Grecia en los octavos (porque era “fácil”). Ya vimos qué pasó: Costa Rica se quedó sin piernas, apenas pudo mantener el ritmo un tiempo y no fue eliminado porque efectivamente Grecia es un rival modesto. La alegría y el mérito son reales, por lo hecho en la primera ronda pero eso ya lo hizo alguna vez. Ahora no ganó el partido ganable, pero vale el hecho de haber eliminado a los helénicos. ¿Está para ganarle a Holanda? Bueno, el partido hay que jugarlo y luego ver si el proceso se aclara para mantener este nivel de alegrías en el país más feliz del mundo.
Diego del Rosario
@ElPelotero6