El Chelsea de Jose Mourinho entregó una de sus peores actuaciones en mucho tiempo y fue derrotado sin atenuantes en Stamford Bridge por el Atlético de Madrid. Los ‘Colchoneros’ extendieron la ilusión y van a Lisboa a enfrentar el Derby más importante de su historia.
Nadie quiere a Mourinho. Una afirmación tan verdadera como que el famoso autobús es anti fútbol puro. Pocas cosas tan alejadas de la realidad pues se trata de un estilo válido que se apoya en estrategias que no superan el reglamento, que da resultado y que muchos aficionados valoran, respetan y celebran. Por ello mismo, a pesar de lo antipático que resulta a la mayoría, Jose Mourinho es indiscutiblemente un personaje querido y discutiblemente carismático.
Él ha hecho famoso al bendito autobús. Una distribución de sus jugadores tan próxima al arco propio y apretujada que da la impresión que una Orión estuviera estacionada delante del arco que usualmente defiende Petr Cech. Lamentablemente para él, el Chelsea y sus seguidores, el micro lo cuadró en cualquier otra parte porque los Blues defendieron como cualquier equipo cultor del ‘Tiki Taka’: la primera y segunda línea dejaban de diez a quince metros de distancia entre sí y parecía que querían ocupar todo el ancho del terreno de juego. Eran demasiados espacios que un equipo cuajado y corajudo como el Atlético supo aprovechar. Ya antes de los goles había avisado varias veces sin que Schwarzer fuera capaz de brindar la seguridad que regala Curtois.
El gol de los locales, el de Fernando Torres (¿cuál otro?) llegó más por una genialidad sumada al despliegue explosivo de Willian que por un dominio claro de su equipo. Iba más de media hora de juego y la paridad de fuerzas era bastante evidente; una diagonal cruzada hacia afuera a velocidad supersónica y un regate que no se ve así no más en ningún lado dejó el balón servido al ‘Niño’ para que no celebre la anotación que llevaba a los suyos a chocar contra el Real Madrid en el Estádio da Luz. Tanta alegría londinense, tanto espejismo.
Atlético de Madrid no había llegado a esta instancia de regalo. Es uno de los equipos que mejor juega al fútbol y supo superar rivales bastante complicados derrotándolos con goles. Ante una defensa que hacía flecos por todos lados, era de esperarse que llegara a anotar tal y como sucedió antes del descanso.
Una jugada que fue del centro a la izquierda, de la izquierda a la derecha y de la derecha al medio para que Adrián rompa el arco, en la que ni los defensores, ni los volantes ni el portero hicieron mucho por evitar la caída. Con eso bastaba para avanzar a la final para encontrarse con el rival de siempre, pero había más. Poco después de comenzado el segundo tiempo, Mourinho creyó que sería buena idea mover aún más adelante el bus (!) y pasó de tener solo un atacante a tratar de hacer daño con dos. No podía ser más anti él mismo y el destino lo castigo por traicionar sus propias ideas con el penal que cometió el que supuestamente debía salvarlo: Samuel Eto’o cometió una infracción de Kinder Garden luego de que sus compañeros no pudieran despejar un balón que pedía a gritos ser revoleado de cualquier manera. Llegó la ejecución fría de Diego Costa, que dejó desparramado a Schwarzer (Cech te extrañamos tanto) y habría tiempo para más.
A partir de ese momento, lo que era un mal planteamiento y una mala ejecución pasó a ser el más calamitoso parque de diversiones que se haya visto en Hammersmith y Fulham. En ese punto Chelsea no hallaba norte, no hallaba al Atlético y no se hallaba a sí mismo. Era todo toque y camote, los azules correteaban sin ton ni son a los españoles que obviamente iban a poner el tercero. Arda Turan hizo cuanto le provocó por un lado, sacó el remate, le dio al travesaño que devolvió un rebote al centro del área que NADIE, NINGUNO de azul fue a recoger (increíble que no haya habido ahí ni el recuerdo de una defensa sólida) como sí lo hizo el mismo Turan. Un cachetadón para el equipo que se jacta de defender mejor que nadie en el mundo.
Antes de la debacle y también después de ella, Chelsea tuvo algunas oportunidades pero que se perdieron en las manos de Curtois. Ahora esas mismas manos milagrosas, junto con la de todos sus compañeros y, claro, las del cuerpo técnico, que empujaron al más allá el autobús de Mou, se van para Lisboa a pelear por levantar una Copa que se le escapó hace cuarenta años.
Diego del Rosario
@ElPelotero6




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